La creciente urgencia en torno a la concienciación sobre el uso del plástico no es nada nuevo y, sin embargo, la crisis sigue siendo importante. Según el informe del Fondo Mundial para la Naturaleza, se estima que 10 millones de toneladas métricas de desechos plásticos ingresan al océano cada año, dañando la vida marina y los ecosistemas. Como sabemos, los residuos plásticos pueden tardar cientos de años en descomponerse, lo que contribuye a un alarmante daño ambiental a largo plazo.
Al mismo tiempo, el consumo de plástico de laboratorio ha alcanzado niveles preocupantes, con 5 millones de toneladas generadas anualmente en todo el mundo (o el valor de 67 cruceros, según lo visualizado por el Informe Nature en 2015). Si bien el impacto inmediato puede ser evidente a nivel de laboratorio, la comprensión de las consecuencias ambientales más amplias requiere conciencia y educación.
Un experimento simple pero revelador puede ilustrar efectivamente el problema: en lugar de observar los desechos diarios, intente guardar los desechos plásticos de su laboratorio durante una semana. El volumen acumulado en pocos días será una poderosa llamada de atención, un duro recordatorio de nuestra contribución colectiva. Al transformar lo invisible en una masa tangible visible, obtenemos una comprensión más profunda de nuestra difícil situación y de la urgencia de encontrar soluciones ecológicas.
Ahora que hemos confirmado la gravedad del problema, necesitamos entender exactamente qué es lo que se lanza. Las diferentes áreas de investigación tendrán distintos perfiles de residuos plásticos. Por ejemplo, los laboratorios de cultivo celular tendrán pilas de placas y matraces de cultivo de tejidos, mientras que los laboratorios de genómica podrían apilar cantidades significativas de tubos y placas de PCR.